A menudo, un fallo de cálculo causa mayores daños que un sabotaje intencionado.
Hace poco, pude leer dos ejemplos bastante gráficos de este tipo de errores.
Da igual lo simple o complejo que sea un sistema por donde haya que pasar una toma de corriente. Un circuito eléctrico, cuando se ve afectado por algún fallo, siempre comienza por quemar un fusible. Es la parte más frágil del circuito. Se diseñó así, para que el voltaje que sobrepase los niveles seguros dañe ese objeto concreto, que es prescindible y poco resistente, y no el resto.
De la misma forma, se calcula que un puente o un edificio resistirán un determinado peso antes de romperse. Se calcula la fuerza media que pueden aguantar, y es ahí donde se descubre el error. La estructura se derrumbará mucho antes de alcanzar la resistencia media. Fallará cuando el tramo de soporte más débil se colapse, provocando un efecto dominó al resto de la construcción.
Si un ingeniero, un arquitecto o cualquier persona enterada de estos temas lee estas lineas, tal vez les parezca un hecho de lo más natural y comprensible. Pero, ¿Y si no fueran simples objetos, y estuviéramos hablando de seres humanos? ¿A quién habría que sacrificar para mantener la seguridad?
Todos somos bombas de relojería andantes. La sociedad actual nos exige un ritmo de vida acelerado que desgasta nuestra resistencia, día a día. Las cosas no van a mejor en el futuro que intentamos observar, y el peso sobre nuestro hombros aumenta. El estrés y la tensión que todo esto nos provoca amenaza con llevarnos a ese final crítico e imprevisible de los fusibles, la autodestrucción. Sin embargo, en nuestra sociedad global, la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Somos simples piezas de repuesto que puedan usarse de seguro para los que controlan el "circuito"? O, por el contrario, si los ciudadanos-fusibles son destruidos, ¿No conducirá eso a un efecto en cadena que lo derribe todo a su paso?
Con esto, dejo abierto el tema a la reflexión de cada uno. Muchas gracias.
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